Brochas de maquillaje para base, polvos, colorete, bronceador e iluminador. De pelo sintético, suaves con la piel y fáciles de lavar. Son las que recomiendo en mis clases de automaquillaje porque perdonan los fallos: reparten el producto sin cortes y difuminan sin que tengas que pelearte con el espejo. Ver más
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Brocha de llama redondeada y tamaño intermedio para aplicar iluminador en polvo, crema o líquido. Coloca la luz…

Brocha de pelo sintético para aplicar base de maquillaje líquida, en crema o en mousse. Extiende a toques…

Brocha de corte biselado para aplicar polvos bronceadores en el hueco del pómulo, el nacimiento del pelo y…

Brocha de corte redondeado para aplicar colorete en polvo, en crema o líquido en la manzana de la…

Brocha de forma de llama y punta plana para sellar el maquillaje con polvo compacto o translúcido. Pelo…
La mayoría de los fallos que veo en clase no son de mano, son de brocha. Con la brocha equivocada el producto se acumula, se corta o desaparece por mucho que insistas. Con estas cinco tienes la cara entera cubierta y no necesitas más para empezar.
Densa y de fibra corta. Reparte la base sin dejar marcas ni líneas, aunque te hayas puesto más producto del que querías. Es la que más diferencia marca entre un maquillaje que se ve y uno que se funde con la piel.
Grande y suelta, para sellar sin cargar. Un barrido ligero por la zona T y el maquillaje aguanta el día sin que la piel pierda su brillo natural.
Redonda y del tamaño justo de la manzana de la mejilla. Deja el color donde toca y te evita el churrete que luego hay que difuminar a la desesperada.
Angulada, para seguir la línea del pómulo y el contorno de la cara. Da calor sin marcar bordes, que es justo donde se nota si un bronceador está bien puesto.
Fina y aplanada. Pone la luz en un punto concreto, el pómulo alto o el arco de la ceja, en lugar de repartir brillo por toda la cara.
Agua tibia y un jabón suave, siempre con la brocha boca abajo para que el agua no entre en el casquillo y afloje el pegamento. Aclara hasta que salga limpia, escurre con una toalla y déjala secar en horizontal, con el pelo asomando por el borde de la mesa. Te lo cuento paso a paso en cómo limpiar tus brochas de maquillaje.
Las mías son todas de pelo sintético, y es a propósito. El pelo sintético no absorbe producto, así que rinde mejor con bases y correctores en crema, se limpia mucho más fácil y aguanta más lavados sin abrirse. El natural difumina muy bien los polvos, pero es más delicado y no todo el mundo quiere pelo animal en su neceser.
En mi curso de automaquillaje en Madrid trabajamos con estas mismas brochas sobre tu cara, no sobre la de una modelo. Sales sabiendo cuál coger para cada cosa y por qué.
Las de producto en crema, como la de base o el corrector, cada semana: ahí es donde se acumulan restos y bacterias. Las de polvos, coloretes y sombras aguantan bien dos o tres semanas. Si notas que el color sale apagado o la brocha pincha, es que le toca ya.
Con tres te maquillas la cara entera: una para la base, una para los polvos y una para el colorete. El bronceador y el iluminador vienen después, cuando ya tienes la base resuelta. Comprar quince brochas de golpe suele acabar en un bote lleno de brochas que no usas.
Sí, las cinco son de pelo sintético y funcionan con las dos texturas. Lo único que te pido es que no mezcles: reserva una para las cremas y otra para los polvos, porque si alternas sin lavar entre medias el producto se apelmaza y el acabado sale con grumos.
Sí. El pelo sintético es suave y no pincha, que es lo que suele irritar cuando una brocha es mala o está vieja. Lo que sí importa con la piel sensible es tenerlas limpias: casi todas las reacciones que me cuentan vienen de una brocha sucia, no del maquillaje.
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